El Seminario ¿Que es?
 
DIOCESIS DE HUEJUTLA DE REYES, HGO.
Datos generales de la Diocesis.
Obispos que han gobernado la Diócesis.
El Seminario ¿Que es?
Directorio de Sacerdotes que forman la Diócesis de Huejutla, Hgo.
AVISOS DE LA DIOCESIS

El Seminario
El carácter singular del ministerio presbiteral y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen, en quienes han sido llamados a él por el Señor, una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias este misterio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación.

La Iglesia, movida por la responsabilidad que le incumbe y por el "el derecho propio y exclusivo de formar a aquellos que se destinan a los ministerios sagrados" (Código de Derecho Canónico 232), reconoce la necesidad y urge el establecimiento de medios e instituciones para la formación propia de los llamados al sacerdocio. Aleccionada además por su propia experiencia histórica, la Iglesia ha comprobado, a lo largo de ella, la necesidad del Seminario Menor y del Seminario Mayor como el "lugar óptimo de formación sacerdotal y el ambiente normal, incluso material, de una vida comunitaria y jerárquica" (Pastores Dabo Vobis 60) con Formadores consagrados a esta tarea.
En el Seminario Menor de da indicios del queres seguir a Cristo a su llamado. En el Seminario Mayor los jóvenes que desean acceder al sacerdocio encuentran el medio adecuado para el cuidado y seguimiento de la propia vocación, para el equilibrado desarrollo de su personalidad humana, para la conveniente formación espiritual y doctrinal y para la necesaria instrucción pastoral. La experiencia de la vida comunitaria y el conocimiento y vinculación entre los que están llamados a formar el futuro Presbiterio, colaboran a su vez a descubrir en profundidad el misterio de la Iglesia y las exigencias de la fraternidad sacramental.

Las fuentes en las que se manifiesta de forma más clara el sentir actual de la Iglesia respecto a la naturaleza, los objetivos y los medios de la formación sacerdotal son: la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, el Magisterio de la Iglesia, los rituales de la Ordenación y la normativa disciplinar. La voz del Espíritu se manifiesta además, y conforme a estas fuentes, en el discernimiento evangélico de los signos de los tiempos, el común sentir de las comunidades cristianas y el testimonio de quienes, en las más diversas circunstancias, han vivido de forma ejemplar la vocación al sacerdocio ministerial.

La formación al Sacerdocio se da en 2 etapas: 1º en el Seminario Menor: donde se estudia la preparatoria y uno va tratado de descibrir ese llamado que Dios le ha hecho a su servicio. y la 2º en el Seminario Mayor donde el compromiso es más claro y la entrega tiene que ser más generosa.

Actualmente el Seminario Mayor se esta construyendo en la parroquia de Tlanchinol, Hgo.
capilla
comedor
EL SEMINARIO MENOR
El Seminario Menor de Huejutla, Hgo. esta dedicado a "San José".
San José esposo de la virgen María, hombres justo y honrado, sencillo y amable. En el Seminario Menor los estudios son de tres años, se estudia la preparatoria y al terminar los estudios del Menor uno pasa a la siguiente etapa que es el Seminario Mayor.

Durante la estancia del Seminario Menor se van teniendo diferentes actividades y algunas materias extras para darles a los seminaristas una prepaparación.Como materias se tienen la preparación a la Pastoral, Liturgia, el ir poco a poco aprendiendo las diferentes modalidades de la oración.
Seminaristas
El Seminario Mayor.
El Seminario Mayor de Huejutla, Hgo. esta dedicado a "Cristo Rey y Santa María de Guadalupe".

Los estudios del Seminario Mayor se dividen en 2 etapas: la 1º que se estudia la Filosofía y la 2º donde se estudia Teología.

En la filosofía se estudian 3 años, posteriormente se entra a la etapa de Teología donde son 4 años de estudios, pero al terminar con el primer años de teología los estudias se interrumpen para hacer 1 años de servicio, acabado el año de servicio uno regresa a concluir su teología durante 3 años.

En el Seminario Mayor no solo bastan los estudios sino que él aspirante al sacerdocio se debe también de preparar de 4 areas para poder tener una mejor respuesta a Dios.

Las areas son:
+ Area Humana.
+ Area Espiritual.
+ Area Intelectual.
+ Area Pastoral.

A continuacion vamos a explicar en que consiste cada una de las areas.

La formación para el ministerio presbiteral tiene varias dimensiones: humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria, que están íntimamente unidas entre sí. En el proceso formativo del Seminario no deben considerarse, de ningún modo, como elementos independientes o capítulos sucesivos. Todas ellas han de estar simultáneamente presentes a lo largo de dicho proceso y, sobre la base de la formación espiritual, guardan entre sí una perfecta armonía y unidad pedagógica.



La formación humana del futuro sacerdote viene exigida tanto por la necesidad de asimilación de las virtudes propias del hombre, que debe realizar todo cristiano en cuanto tal, como por la madurez humana, que exige el propio ministerio al que está llamado.

"El presbítero, en efecto, llamado a ser imagen viva de Jesucristo Cabeza y Pastor, debe procurar reflejar en sí mismo la perfección humana que brilla en el Hijo de Dios hecho hombre" (Pastores Dabo Vobis 43).



- Formación humana

En todo proceso de maduración humana del seminarista han de aplicarse las normas de la educación cristiana en la que se integren en todo momento y circunstancia las aportaciones de la psicología y pedagogía discernidas debidamente con criterios cristianos. Se procurará contar con expertos en estas materias para que oriente en la labor educativa del Seminario.

La madurez humana es una realidad compleja y no siempre resulta sencillo precisar su contenido. No obstante se suele considerar maduro el hombre que presenta, entre otras, las siguientes características: equilibrio y armonía en la integración de tendencias y valores, suficiente estabilidad psicológica y afectiva, capacidad para tomar decisiones prudentes, rectitud y objetividad en el modo de juzgar los acontecimientos y las personas, dominio del propio carácter, fortaleza de espíritu, constancia, normal interiorización de las virtudes más apreciadas en la convivencia humana y aptitudes de sociabilidad que permitan relacionarse con los hombres.

Los principales valores y virtudes humanas que han de cultivar los futuros presbíteros son, entre otros, los siguientes: la sinceridad y el amor a la verdad; la fidelidad a la palabra dada; el equilibrio emocional y afectivo; la capacidad de diálogo y comunicación, de personar y saber rehacer las relaciones, de colaboración, silencio y soledad, de animación; la aceptación de personas y modos de pensar distintos; la humildad, como aceptación de los propios límites y moderación de las aspiraciones; el sentido de la amistad, de la justicia, la responsabilidad y el uso recto de la libertad; el espíritu de servicio y de disponibilidad; el desprendimiento y la comunicación de bienes; la laboriosidad, creatividad e iniciativa en la acción; la austeridad; la firmeza y la constancia; la moderación en vestir y presentarse, en el hablar y actuar. Todo aquello, en fin, que favorezca que los futuros presbíteros lleguen a ser verdaderos signos y artífices de comunión.

la atención adecuada a la salud y al desarrollo físico: deporte, descanso, esparcimiento, etc.




La formación espiritual unifica y fundamenta todas las demás dimensiones y objetivos de la formación del seminarista. Una correcta formación espiritual evitará actitudes y prácticas dualistas, evasiones espiritualistas, la dispersión por el activismo, la reducción del funcionalismo, la superficialidad, el vacío o la pérdida de sentido y cualquier tipo de parcialización de la fe por su sometimiento a intereses o ideologías.

- Formación espiritual

La fe y el Bautismo incorporan a Cristo por obra del Espíritu Santo. La formación espiritual consiste en la educación de la vida en el Espíritu. Esta educación es exigida, tanto por la dimensión constitutivamente religiosa e histórica del ser humano, pues está abierto a lo trascendente, como por el propio desarrollo de la gracia comunicada en los sacramentos de la iniciación cristiana. La misma gracia bautismal, que acompaña al hombre en su camino de comunión con Dios y lo incorpora a Cristo y a su Iglesia, llega, según designio divino, a predisponer y capacitar para la respuesta a la vocación y misión presbiteral. De este modo el seminarista, en su mismo crecimiento como cristiano, irá adquiriendo las virtudes y hábitos propios de la vida presbiteral.

Entre los jóvenes que solicitan entrar en el Seminario, no todos presentan el mismo grado de madurez en la fe y en la vocación. Es responsabilidad del Seminario, y en particular de los Formadores, ayudar a decantar y esclarecer en el proceso de formación estas situaciones personales, con el fin de favorecer el crecimiento en la fe y en la vocación sacerdotal.

La formación espiritual, al tratarse del presbítero y de su ministerio, debe ser adaptada a las peculiaridades de tan importante servicio. La formación espiritual del Seminario tiene esta finalidad específica: cultivar la espiritualidad del presbítero diocesano secular. Es necesario que haya una formulación clara de esta espiritualidad en el proceso de formación espiritual de los seminaristas.

El futuro pastor ha de vivir especialmente del conocimiento, la fe y la experiencia del misterio de Cristo, el Hijo de Dios que se hace hombre para hacernos hijos de Dios. En Él ha de encontrar la novedad radical del cristianismo, evitando el peligro de cualquier reducción de la fe a una religión más, o a una mera ética. A Él deberá buscar constantemente y de su amistad habrá de vivir. En Él encontrará, no sólo la luz, sino la fuerza, la verdadera razón de vivir, el verdadero modelo de humanidad a seguir y el Salvador con quien vivir en comunión. El Misterio Pascual es núcleo fundamental y referencia clave para la formación de los seminaristas. Todos los medios educativos han de ayudar a que el Evangelio sea asimilado en su propia vida.

La formación del Seminario tiene que fomentar la apertura al Espíritu, la obediencia a sus llamadas y la docilidad a su acción. A la luz del Espíritu el seminarista podrá discernir e interpretar adecuadamente, en su vida y en los acontecimientos de la vida de los hombres, los signos de Dios en los tiempos.

El amor al misterio de la Iglesia, misterio de comunión y misión, ha de informar toda la vida espiritual del seminarista. "En la medida en que se ama a la Iglesia, se posee el Espíritu Santo" (Optatam Totius 9). La comunidad del Seminario ha de dar testimonio de unidad que atrae a los hombres a Cristo; de modo particular, ha de permanecer en comunión con el Papa, el propio Obispo y la comunidad diocesana.

La Virgen María ha de ocupar en la espiritualidad del futuro presbítero la importancia que demanda nuestra fe. La Iglesia siempre la ha encontrado en todas las ocasiones en que trataba de descubrir a Cristo. La devoción a la Virgen puede y debe ser una garantía frente a todo lo que tendiera hoy a cortar las raíces históricas del misterio de Cristo. El culto a María procede de una fe auténtica, y cultiva el "amor y la veneración hacia aquella a la que Cristo, muriendo en la Cruz, entregó como madre al discípulo" (Optatam Totius 8).

La fidelidad para asumir de modo irrevocable el misterio y sus compromisos.
La disponibilidad y actitud profunda para el perdón y misericordia a ejemplo de Jesucristo.
La capacidad de sufrimiento para soportar con esperanza las dificultades de la vida y del mismo trabajo pastoral, identificándose así con Cristo crucificado.
La alegría para vivir e irradiar el gozo pascual de ser testigos de Cristo resucitado.
La Eucaristía, centro y fuente de vida cristiana, personal y de la Iglesia, se constituye, por su celebración y participación diaria, en el sustento básico de la vida espiritual del Seminario. Ha de cuidarse también en el Seminario el culto eucarístico fuera de la celebración. Quienes están llamados a representar a Cristo en la celebración de la Eucaristía deberán asimilar las actitudes íntimas que fomenta este sacramento: la gratitud, la donación de sí mismo, la caridad y el deseo de contemplación y adoración a Cristo.

La Palabra de Dios ha de ser leída, estudiada y asiduamente meditada por el seminarista para facilitar el itinerario de su conversión, alimentar su vocación, asimilar los criterios de fe como criterios de vida y para no ser "predicadores vacíos de la Palabra, que no la escuchan por dentro; a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras" (Dei Verbum 25). Si "la vida de la Iglesia se desarrolla por la participación frecuente del misterio de la Eucaristía" (Dei Verbum 26), la Palabra de Dios "constituye el sustento y vigor de la Iglesia" (Dei Verbum 21), fuente permanente de vida espiritual.

El Seminario promoverá y facilitará los medios para el necesario proceso de conversión personal, especialmente mediante la celebración frecuente del sacramento de la Penitencia. Junto al sano sentido del pecado y a la experiencia gozosa del perdón, se procurará la vida ascética y sacrificada, que facilita la donación radical de sí mismo, propia del sacerdote.

- Formación intelectual

La índole pastoral que han de tener los estudios del futuro sacerdote exige que éstos, y particularmente la Teología, se orienten a preparar pastores para nuestro tiempo. Su formación intelectual atenderá por tanto a la vivencia personal del Misterio de la Salvación y, simultáneamente, a la capacitación doctrinal absolutamente necesaria para afrontar hoy la misión sacerdotal; la función se ministro de la Palabra en la Iglesia y al servicio de la evangelización del mundo y el ejercicio del discernimiento pastoral. No se debe reducir la exigencia, y dedicación al estudio, aun en el caso de candidatos con escasa formación básica.

La formación teológica debe corresponder a la naturaleza misma de la Teología, es decir, ha de provenir de la fe y conducir a la fe. En consecuencia debe favorecer una adhesión más plena a Jesucristo en la Iglesia. La formación teológica y espiritual se refuerzan así mutuamente. El estudio de la Teología pide que se desarrollen todos los temas esenciales del contenido de la Revelación para que el seminarista pueda llegar a obtener una visión completa y sistemática de la misma.

La atención a las dimensiones de totalidad y síntesis del estudio de la Palabra revelada, tal y como es presentada en el Magisterio de la Iglesia, debe prevalecer sobre la dedicación a temas monográficos o ensayos teológicos.

La formación teológica de los candidatos al sacerdocio ministerial exige, ante todo, la fidelidad a la Palabra de Dios, "escrita en el Libro Sagrado, celebrada y transmitida en la Tradición viva de la Iglesia e interpretada auténticamente por su Magisterio" (Pastores Dabo Vobis 54), Al mismo tiempo exige fidelidad al hombre histórico y concreto, a quien se ofrece el Evangelio como Palabra de Salvación. Para ello, lo seminaristas deberán familiarizarse con el lenguaje, la cultura, los problemas y planteamientos de la sociedad en la que viven.

El estudio de la Filosofía y de las Ciencias Humanas y la formación de un pensamiento crítico son condiciones indispensables en la formación intelectual de los futuros sacerdotes. Ellos les capacita, tanto para el estudio de la Teología, como para dar razón de la fe de la Iglesia en el contexto contemporáneo y responder dialogalmente a las cuestiones que se presentan a la fe cristiana desde la crítica contemporánea o desde la increencia.

Seminaristas del may
Actividades del semianrio
El semianrio Tiene diferentes actividades como salir a pastoral a las parroquias cada 8 dias los dias sabdos y domingos, el participar de encuentros juveniles que son organizados por las diferentes parroquias de la diocesis, paseos que tiene el mismo seminario a diferentes lugares, el ir a las ordenaciones de los sacerdotes nuevos, el acompañar en la muerte de algun sacerdote. etc.
P. Panchito
Dudas y sugerencia escribir al correo:
mahlkitos@hotmail.com